El lirismo esencial de Stanley Vega

noviembre 23, 2009

Este blogger junto a Ernesto Zumarán

Por Ernesto Zumarán *

La poesía de Stanley Vega asume desde el principio una revelación irreductible: La esencialidad y la concreción o lo esencial de la concreción. Esa poética breve no requiere como las poéticas amplias una posibilidad de desarrollo, sino por el contrario, como ya se ha dicho, la posibilidad de la concreción. Y Stanley asume en sus poemas dicha posibilidad porque parte del germen inicial de su propia experiencia que se plasma en la palabra lacónica, en un lirismo esencial, como ya lo ha hecho ver Carlos López Degregori al comentar la aparente sencillez o frugalidad de sus versos.


La reducción de las formas a lo elemental, así como la predilección por emocionar a través de la mínima expresión, son los criterios minimalistas que elige Stanley para entregarnos sus poemas estructurados bajo estas normas, que de por sí, se alejan de los manierismos de la moda literaria y del enrevesamiento de la frase, pues su esencialidad a contrapelo recupera como ya se ha reconocido antes, ese alumbramiento que le es propio a los textos breves, máxime si éstos tematizan sentimientos tan hondos como el amor o la tristeza, entendida ésta como conciencia de la muerte.


El sentido de la unidad que trasuntan los poemas de este libro ponen de relieve el trabajo de ardua abstracción que ha requerido el poeta para revelarnos, en puridad, su cosmovisión tántrica, es decir su espiritual equilibro en medio de un mundo escéptico y corroído por su apocalíptico caminar. Stanley logra trasladarnos a su espacio de tonos suaves y reflejos sutiles, que buscan en todo momento columbrar la historia ínfima y finita de cada hecho o cosa, en última instancia, con todo que se identifique con lo humano. Y es que quizás el mayor logro de este poeta, y que pocos reputan como valedero, es el haber hecho del silencio el mayor ejercicio de su esencial poesía, toda vez que la esencialidad más que el uso de versos cortos, es siempre la atrevida e inusual inmersión en los reductos de la experiencia poética, de donde es posible extraer la piedra de la locura del denso y avernal abismo que es el corazón del hombre. Sin ese previo transitar por el “camino púrpura”, no habría sido posible conseguir esa esencialidad que está sujeta en todo momento, en los poemas de Stanley, a ese vaivén inasible que es el silencio, ese decir a gritos que se abre sin pudor más entre las líneas de los versos que en los versos mismos.


Siempre he pensado que el desencanto de los poetas en sus poemas es aparente. Y el caso de Stanley no es una excepción, pues ese ir y venir entre las dos orillas de la vida, ese diástole y sístole que convocan la dualidad cósmica y mundana, no es otra cosa que el resultado de un único sentir que se trasunta al fin y al cabo, en una llana corriente utópica, la producción de un mito que toda poesía que nace del corazón explora y recrea en sus azorados intersticios. En este sentido, lo que las más de las veces nos parece desencuentro, nihilismo, pesimismo existencial, es en el fondo, la recuperación de lo esencial del hombre. Por eso el poeta termina diciéndonos:


“Enciende luciérnagas / en tu corazón llegada la noche”.


Todo lo demás se sintetiza, como por ensalmo, en este verso revelador, esencialísimo en cuanto a experiencia y determinación, inmanente de su propia incertidumbre. Es decir, el poeta urde la trama a partir de su laberíntico acontecer incierto para luego desenredarse, cual paradojal nudo gordiano en una luminosa cosmovisión. Por eso el desencanto no sólo es necesario y natural, sino que además forma parte de la absoluta unidad que es el hombre, a través de la cual es posible la exploración de todas las ramificaciones, las posibilidades del tema, siguiendo ese camino hasta que el poema adquiera existencia. Dentro de este contexto, uno puede vislumbrar que los poemas de Stanley no siempre exploran esas posibilidades, pues en la mayoría de los casos, dichas posibilidades brotan de antemano del poeta como relámpagos, bajo el espectro de la iluminación súbita, que le permiten luego trasladar lo esencial de la experiencia.


Pero quizá lo que más llama la atención es que cada poema conlleva intrínsecamente la fuerza iluminadora del adagio o el aforismo. Y es en los poemas donde confronta el amor y la muerte en los que nos deslumbra con esa revelación irreductible que hable desde el principio. Poder, revelación, sacrificio, son en síntesis los instrumentos que mejor encajan con la sencillez de estos 42 poemas, en los que Stanley Vega pone de manifiesto con un mínimo de imágenes, la reflexión filosófica como un elemento esencial.


Como el propio poeta en algún momento ha declarado, el tema de la muerte, es tan singular como el tema de la vida; lo mismo puede decirse de Eros y Thánatos, fervorosamente mediatizados por la experiencia personal; porque aquí Stanley Vega construye a partir de ambas orillas, consciente de que la única manera de salvar ese recorrido es alimentarse desde esos dos ángulos omnipotentes, desde esa perspectiva que lo conduce indefectiblemente a asumir la muerte, en su esplendorosa redención, y la vida, como un signo clave para entender la verosimilitud de la muerte.


Pero, después de sumergirse en la ciénaga del olvido, en las estupefactas orillas de la muerte, en la frustración y el caos, ¿por qué, al culminar la lectura de sus poemas, nos quedamos con la sensación de que todo ha sido un pretexto para reivindicar al hombre persistiendo en la palabra? Un gesto dantesco que importa el reconocimiento del amor en cada círculo de vida que el poeta da, a sabiendas de la fugacidad y delicuescencia de ese amor. Porque el amor a la mujer en estos poemas nos recuerdan “ese constante ser y no ser”, esa temprana ruptura de los dones amorosos, esa fugacidad doliente que el amor siempre anuncia desde que es concebido. Porque todo tiene su contrario, y el poeta parte desde ese ámbito para afrontar su pesadumbre, sabedor de que “los años caen igual que papeles arrojados en medio de la pista”, y que en medio de ese proceloso devenir el amor termina en humo, partida, caída inevitable, ficción inefable, húmeda tristeza o turbulento lenguaje.


Y todo amalgamado en base a un lenguaje, como reitero, sencillo y fresco, lozano y transparente, sin que en ningún momento la línea se desborde o caiga en el susurro o el devaneo. Poemas ordenados como por el espíritu, sin trampas ni técnicas al uso, y por ello, identificados con el corazón del hombre.


En resumidas cuentas, el poder de abstracción que convocan estos poemas, plenos de austeridad y purismo, encuentran su sustento además en la naturaleza directa de su textura, donde parecen desnudarse hasta retrotraerse a la fuente dorada de la infancia, de donde el poeta extrae sus mejores logros, y hacia donde vuelve cada vez que reinicia esa infinita búsqueda de la danza finita que lo convoca y presagia, consciente de esa cotidiana pérdida del acontecer agónico, que lo impulsa “a surgir de la voluntad de la nada” como a tomar “refresco de lima bajo una mañana de verano junto al mar”. Esa dualidad mortal lo eleva por encima de la forma a lo elemental, despojado al fin del decoro verbal, protagonista único de su exhalado silencio.




* Poeta nacido en Chiclayo. Hace poco obtuvo el 2do Puesto en el II Concurso Internacional de Poesía "Javier Heraud" organizado por la Fundación Yacana. El presente texto fue parte de la presentación de Danza finita en la Sala Escénica del INC de Chiclayo, el pasado 7 de noviembre y el cual, asi mismo será publicado este domingo en el suplemento Dominical del Diario La Industria de esta ciudad.   

Luis Fernando Chueca habla sobre "Danza finita" en Letras.s5

noviembre 22, 2009



No hace mucho que acaban de publicar en la conocida página web Letras.s5 un artículo sobre mi tercer poemario "Danza finita". Lo firma el poeta y critico Luis Fernando Chueca, quien hace poco la editorial del Rectorado de la Pontificia Universidad Católica del Perú le ha editado en dos tomos su más reciente trabajo: "Poesía vanguardista peruana". Al respecto, Ricardo Gonzáles Vigil ha señalado en el diario El Comercio que se trata del "mayor aporte que se haya hecho hasta ahora sobre nuestra poesía vanguardista, en tanto selección de los poemarios principales y estudio panorámico, como también acopio de documentos relevantes y guía bibliográfica".

Si les place leer el texto de Luis Fernando Chueca, hagan click en el siguiente link:


Entrevista a Luis Eduardo García

noviembre 14, 2009


“Yo no extraño los lugares en sí, extraño las vidas que viví en esos lugares”

Luis Eduardo García (Chulucanas, Piura, 1960) reside en Trujillo desde hace más de veinte años. Ejerce la docencia universitaria y el periodismo cultural en un conocido diario del norte. Obtuvo en 1985 el IV Concurso El Poeta Joven del Perú. Ha publicado Dialogando el extravío (1986), El exilio y los comunes (1987), Confesiones de la tribu (1992), Historia del enemigo (1996), Tan frágil manjar (2005) y el Suicida del frío (2009). Después de un largo silencio ha editado su cuarto poemario Teorema del navegante (Revuelta editores, 2009(, propicio motivo para esta entrevista.



El tercero y a la vez último de tus poemarios, Confesiones de la tribu fue publicado en 1992. Han transcurrido más de una docena de años, ¿en que momento surgió ese rompimiento con aquel extendido silencio lírico, la decisión de exponer a la luz Teorema del navegante?


Porque parte de la madurez y sabiduría que dan los años consiste en saber cuando callar y, por supuesto, cuando romper ese silencio. Aunque no hay que olvidar que la poesía también puede ser un grito mudo.


Dentro de todo esto, Luis Eduardo, se dio a conocer una nueva faceta tuya, la de narrador, con Historia del enemigo (1996) y claro, en Tan frágil manjar (2005) reafirmaste tu labor periodística, ¿cómo va el trabajo en ambos géneros?


El proceso de escritura de un poema no es igual que el proceso de escritura de un cuento o un artículo periodístico. Los tres, sin embargo, son formas de expresión con las que me siento cómodo. Pero si tuviera que elegir, elegiría la poesía puesto que se trata de un acto de creación absolutamente libre y gratuito.


Volviendo a Teorema del navegante, lo primero que pude notar es su aproximación al titulo de Juan Ojeda, El arte de navegar. Leyendo un poco más me encontré con este verso: “Su servidor, señores, / no será nunca como Vallejo, como Borges, / como Pessoa; / ni menos como Ojeda”. Sabía de tu admiración por Vallejo, Pessoa y Borges, pero lo de Ojeda es noticia nueva para mí. En todo caso, ¿de qué manera llegaste a encontrarte con la poesía de este excelente poeta chimbotano?, ¿en qué medida se ha valorado su obra en nuestro país?


Bueno, el viaje como una metáfora de la vida no es nuevo en la literatura universal. Por otra parte, quizás inconscientemente pensaba en Ojeda a la hora de ponerle título a mi libro. Él aparece al lado de esa trilogía por pura asociación. Es un poeta olvidado que me interesa por la fuerza que exudan sus versos, pero no más que Pessoa.


Adentrándome un poco más, percibí -me refiero sobre todo a la primera parte del texto, Mares interiores- cierto coloquialismo descarnado y un tratamiento posmoderno que ni siquiera se ha podido avizorar en tus tres poemarios anteriores. Cito algunos versos: “Te tocó perder, varón./ Caballero nomás. / Por un puñado de dólares / no te vas a hacer el valiente, / conchadetumadre, / hijodeputa”. O estos: “Jamás, queridos hermanos, me ganaré un Oscar honorario, un Grammy, un Nóbel o algo semejante a un Derby en Fiestas Patrias”, ¿a qué se debe ese giro, esa modo de voltear la tortilla?


Se trata de un coloquialismo que ha llegado sin que yo lo buscara adrede. Creo que los temas buscan su propia manera de expresarse.


Otro de los aspectos resaltantes es tu acrecentado desencanto, ¿a qué se debe todo ello?, ¿al cúmulo de los años, a la convivencia humana?


Creo que hay demasiados motivos para sentirnos desencantados. ¿A qué se debe esto? Supongo que a nosotros mismos, a nuestra condición de seres autodestructivos y egoístas.


¿Sirve de algo tener fe en este mundo?


Claro, nos ayuda a seguir con vida.


¿Es francamente la felicidad solo “un sustantivo, / un concepto, un nombrecito cualquiera”, simplemente nada?


La felicidad es un sustantivo, un concepto, un nombrecito cualquiera cuando es un sustantivo, un concepto, un nombrecito cualquiera.


¿Hasta hoy nadie ha venido hacia tu lado y te ha confesado “que la vida es un flaco favor de Dios, / fiesta por / nada, / grito en el silencio, / pólvora en gallinazo”?


No, la gente no suele hacer confesiones de este tipo. La poesía es una de las maneras de comunicar de manera profunda por qué el mundo es como es.


¿Cuáles son tus peores miedos? ¿Acaso la oscuridad, el silencio, la soledad o de pronto la muerte, el fracaso, el olvido?


Tengo miedos, como cualquier ser humano. Temo, por ejemplo, que alguien le haga daño a las personas que más amo.


En Confesiones de la tribu, una de las voces femeninas menciona que a la madre le gustaba cantar los boleros de Leo Marini, ¿en qué momento llegas a descubrir y disfrutar la música? ¿escuchas boleros?


Sí, me gustan los boleros. Los aprendí a escuchar de niño debido a que le gustaban a mis padres. Sin embargo, quizás por un deseo de completar una educación musical deficiente, escucho más jazz y música clásica.


Además de Sabina, ¿qué otros compositores e interpretes te agrada escuchar?


Me gusta mucho Serrat.


Desde hace varios años vienes ejerciendo la docencia universitaria, ¿te ha restado tiempo para tu labor creativa?


No, ¿pero a quién no le gustaría dedicarse a tiempo completo a la literatura?


¿Vale la pena sacrificar los años en pos de una vida pequeño burguesa y adocenada? ¿Es imposible ser un Pessoa, verdad?


Nunca he perseguido una vida burguesa y adocenada. Creo más bien en la vida libre y sincera. En cuanto a ser un Pessoa, creo que es demasiado insolente pensarlo.


Resides en la ciudad de Trujillo desde hace veinte años y supongo que has llegado a quererla e incluso odiarla como ya es típico en este tipo de relaciones hombre-territorio, ¿qué extrañas de Piura?


Yo no extraño los lugares en sí, extraño las vidas que viví en esos lugares. En realidad, casi todas las relaciones que los hombres establecen con su entorno son de amor-odio, tal vez porque la vida es en sí misma una contradicción.


Trujillo siempre ha tenido una sólida tradición literaria. Sin embargo, ¿es la figura de Vallejo una imagen referente o una luz cuya sombra ha opacado y viene opacando no solo a una, sino a varias generaciones de poetas liberteños?


Vallejo es un faro más que una sombra. Allá los que lo sienten como una sombra muy pesada.


¿Qué sabes de la nueva promoción de poetas y narradores trujillanos?


En realidad muy poco. A veces pienso que las nuevas promociones de poetas y narradores meten muy poco ruido, muy poca bulla y entonces nadie se percata de que existen.


¿A qué se aferra Luis Eduardo, mientras ocurra “lo que tiene que ocurrir”?


A mi cama, a mis libros y a la gente que me quiere.

 
(Fuente: Revista Entera voz N” 002, agosto de 2009)








Presentación de "Danza finita" en INC de Chiclayo

noviembre 03, 2009



Estimados amigos quedan invitados a la presentación de mi reciente poemario. Los espero.

Exordio



AGUAS VERDUSCAS SE VUELCAN
sobre mis brazos levantados.
Ríos de anatomías densas.
Ríos que al mediodía el sol suele lanzarle
sus astillas radiantes.
Estrepitosamente mis ojos caen
hundiéndose bajo el devaneo
eterno de sus lomos.
Respiran las nubes.
Carreteras que hierven sobre superficies
de grietas anónimas
anhelan ver la danza ominosa de la niebla.
Y de pronto,
la noche tenebrosamente acaricia
los mas remotes arcanos de los rincones.
Sucede esto en momentos
que prescindo del tiempo,
ese monstruo invisible que va derruyendo
nuestros cráneos tibios e inmensos
como una taza de porcelana
flotando en un espacio plagado de café
y otros fantasmas de individuo solitario.
Momentos en que prefiero
una noche medio viva
a cualquier pub destrozado
por uno de mis parpadeos inclementes
dignos de Sadoma y Gamorra.
Pasa que cada uno lleva su mundo
en el lugar menos exhausto.
Y he ahí yo pernoctando sobre las pestañas
de los durmientes.
Viento en mis mejillas.
Elevadísimo. Jalándole un pedazo
de noche a los cielos.
Y he ahí otra vez yo
trocando secretos por versos,
sin temor a que las palabras quemen
mis dedos al cogerlas
o simplemente al mirarlas desde cerca.
Y he ahí una vez más las calles,
benditas calles donde la vida se torna
en una cucaracha desesperadamente extraviada.
Huyo de las multitudes
pues en confabulación perpetua han decidido
dinamitar mi humildad sin permiso alguno.
En verdad digo
que acabo de percibir
la completa desintegración
de los hoteles en mi pecho.
Así, la garúa es hoy música deliciosa
en las pieles de quienes hicieron
el amor a oscuras,
encerrados por una torva presencia de muros,
lejos de la húmeda hierba y los turistas acampan ya
en jardines y parques.
El deliquio me permite observar gaviotas
que terminaron suicidándose en cables eléctricos.
Sus cuerpos,
péndulos de un tiempo inmemorable
golpean mi asombro
y cerrazones terriblemente fríos
perturban toda forma de cordura.
Y sin embargo,
una gota que ha dejado caer
el reloj sobre mi frente me ha desesperado.
Pienso en la posibilidad
de desflorar panales o árboles,
buscando el placer detrás de los cercos,
zarzamoras inventadas por mi conciencia.
Pienso en una civilización sin Hobbes,
metrópolis surgidas
como pensamiento líquidos,
solitarias casuchas de ramas secas
que van encegueciendo la litosfera nuestra.
La lluvia pesa como pocas veces este día
y mis carnes empiezan a sentirse barro.
Vivo en una ciudad petrificada,
hermosa puta que lame mis pies
y raspa mis sienes
con toda esa violencia insana de siglos.
Una ciudad es a veces un tonto laberinto,
útil para pisotearla
igual que a una cáscara de naranja
y ya no sentirse tan miccionado
como sus postes.
Discurro sobre líneas
que alguien empieza a engullir,
avenidas que se arrastran
sembradas en largos retazos de piel.
He recorrido junto a mi edad
sin haberla platicado nunca.
Soy un baquiano de mis propios olvidos.
Hago estallar mis vistas
para iluminar todo un millón de latidos
que sostengo entre las manos.


(Un poema de mi primer poemario Inútil inventario)

"La plaga humana" de Ricardo Paredes Vasallo

octubre 26, 2009




Por Fernando Odiaga





Ahora que ha estallado la crisis económica financiera mundial los seres humanos se preguntan cuál será el futuro del sistema capitalista. Pero eso no es todo. A la crisis financiera se suma la escasez de alimentos, de agua, de energía y la crisis medioambiental. En este contexto, buscando respuestas al absurdo provocado por el trabajo y la sed de riqueza, encontramos el libro La plaga humana (Ed. Pies de plomo, Lima 2008) de Ricardo Paredes Vasallo, obra de naturaleza opuesta a las lamentaciones y críticas filosóficas publicadas en los últimos decenios. En ella Paredes Vasallo, filosofo ancashino, desmonta de modo radical los mitos y metarrelatos sobre los que se fundamenta nuestra concepción del hombre y del sistema, a la manera del saber posmoderno que describiera Lyotard, clasificaciones y rótulos en los que de todos modos nuestro autor no se ve reflejado.



Paredes Vasallo defiende ante todo la unidad de la naturaleza humana por encima de las diferencias de nación, raza, creencias; para él, antes que nada, el hombre es un habitante del planeta, con iguales derechos que los demás seres a existir. El autor enuncia que doquier el hombre ha construido su civilización en nombre del progreso y la felicidad. Han florecido la destrucción, el despilfarro, el desplazamiento y la extinción de otros seres, convirtiéndose para la naturaleza en una plaga devastadora. Según Paredes, el hombre destruye por destruir, en una carrera ciega e irracional por imponer su modo de vida y construir lo que considera su felicidad.



En el libro se describe al hombre como un ser necio, arrogante, depredador, parásito, violento, un ser al que hay que detener en su locura productiva de bienes superfluos, proponiendo una forma de vida más sencilla y austera, que parta de una nueva ética con la cual podamos enmendar el desastre que hemos ocasionado a la vida en el planeta.



Haciendo caso omiso a los efectos escandalosos de sus palabras el autor nos dice: “la propiedad es la madre de la miseria humana… en la propiedad está el germen de la destrucción”. La acción de los propietarios se revela nociva. El comerciante, el productor, el consumidor, hacen gala de una gran soberbia y rapacidad ilimitadas. Nuestra civilización se erige en una broma grotesca, degenerada, avara y glotona. Por todos lados los calificativos se multiplican para describir esa catástrofe a la que nos ha llevado el sistema capitalista y que el filósofo ancashino intenta denunciar cuando aún es tiempo de ponerle remedio. Paredes ve en esta lucha un camino de guerras y enfrentamientos que serán inevitables si el hombre quiere sobrevivir. La libertad sin límites que promueve el ser humano en el sistema tiene como fin justificar la acción de los hombres en detrimento de otros seres de la naturaleza, relacionando así la libertad con una gran irresponsabilidad por la que no hemos reparado en volver peligrosa nuestra existencia en aras del progreso socioeconómico. Paredes habla de una desproporción entre el ser del hombre y su poder, definiéndolo consecuentemente como un parásito; éste es sádico, estúpido, hedonista, cínico. Es un ser obsesivo, indagador, insaciable. Y esto es ostensible en su política, en su hacer sociedades y alianzas buscando fines comunes, medrando y viviendo de los demás y no dando nada de sí mismo.



La plaga humana es un libro desmitificador por excelencia, corrosivo, escrito con un rigor y una lógica que solo puede emanar de una conciencia sincera, de una gran honestidad intelectual constituyendo una obra de obligada lectura que nos abrirá la perspectiva para pensar un hombre renovado en el cual siga siendo válida la esperanza.



Entrevista a Christian Bendayán

octubre 23, 2009

“La originalidad sin identidad me parece que cae en la simple audacia o astucia” *



Tu formación pictórica la realizaste siempre de manera autodidacta, ¿consideras que ha sido beneficioso ese tipo de aprendizaje o de pronto hay cierto desasosiego en ti al no haber estudiado en una Escuela?

Creo que la escuela la puedes encontrar en cualquier parte, en cualquier cosa, depende de uno el querer aprender. Yo quise aprender del mismo arte y no de artistas. Cuando mi obra se parece a las cosas que enseñan en las escuelas siento que algo anda mal.

¿Es imprescindible para un artista del interior del país que su obra se desarrolle en esta ciudad?

No lo decidí, desde niño vine por asuntos de mis padres. No me parece indispensable, y con menos razón cuando el circuito cultural Limeño es tan excluyente y alienado.

¿Tienes conocimiento del trabajo de otros jóvenes pintores tanto de acá como de otras ciudades? ¿Hay algo nuevo, algunos aportes en la pintura peruana actual?

Sí, supongo que algo conozco, y creo que hay varios aportes en la pintura peruana reciente, que hay muchos artistas buenos en el Perú. No todo lo bueno es lo que se muestra, pero en fin.

La influencia del pop art en tu obra es evidente, ¿qué idea tienes sobre la originalidad?, ¿qué importancia tiene para ti esta palabra?

La originalidad para mí va de la mano con la identidad. La originalidad sin identidad me parece que cae en la simple audacia o astucia. Me gusta ver cosas que me hagan sentir parte de algo, de algún tiempo, de algún lugar, de una historia.

¿Y sobre ese afán de reconocimiento que muchos artistas persiguen en este lodazal mediático?

El reconocimiento es importante si va a permitir que tu obra llegue a más gente y siempre y cuando tu obra siga siendo más importante que ese fin.

Picasso decía que no ha habido nunca pintura religiosa, que eso no existe, que ese asunto no cuenta para nada, ¿cómo así decidiste abordar este tema en tu obra?

Sí creo que existe la pintura religiosa, creo que existe toda clase de pintura. Eso no evita que la pintura a fin de cuentas sea solo “la pintura”. Mi vida está vinculada a la religión, creo que pienso bajo un esquema religioso, mi familia y mi pueblo son religiosos. La religión me abordó a mí, del mismo modo que lo ha hecho cada cosa que he pintado.

Desde la década del 90 hasta esta época, en todo este trayecto y acercamiento con la pintura, ¿cuan útil crees que resulta este tipo de arte para la humanidad?

Si te refieres al arte religioso, puedo contarte un caso. Mi obra “Niño Jesús de la caja” sale en procesión cada 1 de mayo, cargado en andas por niños trabajadores de las calles de Iquitos. Mientras recorren la ciudad, los niños rezan oraciones en tono de protesta y exigencia de respeto a sus derechos. Esto ha hecho que la gente se dé cuenta de muchas cosas que suceden con estos chicos, de abusos y sobre todo de que a pesar que trabajan y viven en las calles son niños y merecen ser tratados como tales.

A fines del siglo pasado – qué lejos suena esto –, dijiste que estabas decidido a investigar sobre lo que realmente se esconde detrás del comportamiento sórdido del ser humano, ¿cómo va esa observación, ese análisis? ¿Es tan sórdida la conducta de nuestra especie?

Es muy sórdida, pero ese interés lo tenía a fines del siglo pasado.

Supongamos el caso que de un momento a otro ya no te plazca pintar y algo más terrible aún que cuando estés frente al lienzo u otra superficie no atines ni siquiera a mover la mano pues tú mente se ha quedado en blanco, ¿a qué otro oficio te dedicarías?

Me pasa de vez en cuando y no me aterroriza. Si pudiera decidir, me dedicaría a cualquier chamba en la que tenga poder de decisión.
* (Entrevista publicada en el 2do número de la revista Entera voz)

Las múltiples fábulas de la muerte en la narrativa de Fernando Carrasco




Por: Edmundo de la Sotta Díaz


PRETEXTO



Fernando Carrasco Núñez nació en Lima y tiene 33 años, la edad de Cristo cuando murió. En este momento, los une la edad simbólica y, también, el tópico de la muerte. El hijo de Dios simuló una muerte para fundar una religión y el narrador limeño se regodea con la muerte para recrear sus múltiples variantes en cada uno de sus relatos.

Esto es, Carrasco busca crear una poética de la muerte, porque es el motivo esencial de sus cuentos; así, en Cantar de Helena y otras muertes (2006), su primer libro, y en este nuevo libro el hilo temático de cada historia gira en torno a las múltiples caras de la muerte. Unas veces deseada por los protagonistas de estas historias; otras, porque abrumados por las circunstancias solo les queda aceptarlas con dignidad.

Ni criollo ni andino, en todo caso la totalidad contradictoria del Perú (Cornejo Polar, dixit) es el espacio que Carrasco busca recrear con sutileza y coherente verosimilitud. De hecho, se percibe en sus textos su facilidad para aprehender los asuntos de la ciudad; porque es un feliz habitante de las calles del mítico barrio Nocheto. Donde fue testigo, cuando era niño, de los repartos populares de Sendero y de sus insignias que se prendían en los cerros aledaños, para deleite de los niños y temor de los adultos. Nocheto, donde es posible brindar con un faite de alcurnia o con una sufrida doncella que se corta los brazos por cada nuevo desamor que le toca vivir.

Pero, también, los asuntos del campo no le son ajenos, más bien parece tener una disposición empática con la naturaleza y más precisamente con la vida de los pueblos rurales. Su afición por las fabulosas festividades de Huarochirí o el constante tour por los majestuosos viñedos de Cañete. Su residencia en el bucólico Huánuco. El haber estudiado en La Cantuta, por su cercanía al río, es ya una elección por la arcadia natural.

En definitiva, Carrasco no se adhiere a una propuesta en particular ni a una moda específica. Es más bien un aspirante al selecto grupo de artesanos de la palabra quienes con exquisitez, parsimonia y deleite se dedican a hilvanar luminosas historias humanas.


TEXTO

La muerte y otras traiciones (2009) es el segundo libro de cuentos que Carrasco nos entrega. Está constituido por nueve relatos. Como lo sostiene el maestro Antonio Gálvez Ronceros, en la contratapa: “La muerte es el elemento dominante de estas historias”. Así, en “La ficha marcada” la mutua traición de una pareja de esposos, simbólicamente desarrolla el tema de la muerte de la fidelidad. Ambos infieles, ella con más alevosía que él. En “Al fin de la partida” la venganza por adelantado consiste en que la niña protagonista se anticipa a su futura explotación sexual y elimina a los proxenetas. En “Último tercio” aparece la muerte de un joven torero en el ruedo, quien se jugaba su reconocimiento en esa tarde de la cogida: “O por la puerta grande o por la puerta de emergencia”. En “Vida y pasión de Jesucristo” se carnavaliza el nombre del Hebreo para presentarnos la vida y pasión de un delincuente de nota, quien muere cuando ya se había regenerado totalmente. En “La puñalada” un joven universitario engañado elimina a su rival, el profesor que salía con su novia. En “Mariposas” una niña especial incomprendida por la razón normal de sus parientes alza vuelo desde el último piso de su casa, y se lleva con ella a Muñeca para que no sufra en este mundo. En “Hasta que lo despediste, mujer” una esposa humillada hasta el martirio bíblico, un día explota y da punto final a su sufrimiento eliminando a su victimario, su propio esposo. En “Nos han dejado solos” un difunto revela su propia muerte, y en “Visitaciones” la culpa de haber matado a sus familiares, lleva a Mario a la locura.

Sin duda, el tópico central es la muerte. Desde diversas miradas y en sus distintas variantes, pero todas unidas por su ejecución violenta. Es decir, la muerte no es tanto el paso del tiempo o la voluntad de Dios; es más bien la búsqueda de solución para superar un trauma, un abuso, un deseo de triunfo o la sencilla libertad. Ahora los personajes se perciben cercanos a nosotros, ciudadanos comunes y corrientes, porque lo que ellos protagonizan es cercano a nuestras realidades cotidiana

En segundo término, queremos resaltar la destreza y suficiencia con que se han estructurado cada uno de los relatos. En ese sentido, Carrasco se revela como un narrador con suficiente oficio y conocedor de las técnicas narrativas. Así, en “Vida y pasión de Jesucristo” usa la narración en segunda persona donde el viejo narrador descubre que su narratario: Cristhian, es el hijo del protagonista de su relato. Es decir, los lectores descubrimos el desenlace al mismo tiempo que lo hace el narrador testigo. En “Hasta que los despediste, mujer” la conciencia de la filicida le recuerda pasa a paso la ejecución de su venganza. Esto es, esta estructura en segunda persona permite que la tensión fluya entre meditativa y apelativa conduciéndola a un final conmovedor que hace que simpaticemos con la victimaria.

Particularmente, el cuento redondo es “Nos han dejado solos”, un relato de impronta rulfiana que destaca por la precisión tanto en su discurso como en su fábula. Cumple con lo que sugería Borges. Nada de ripio en la forma ni inútiles regodeos de la historia. La belleza de la justeza. En ese sentido, es correcto el uso del narrador heterodiegético y el manejo de un tiempo circular para relatarnos que el mismo protagonista revela su propia muerte. Hay pues una doble revelación: el muchacho narrador descubre que ya está muerto y nosotros, los lectores, descubrimos al igual que el protagonista que él es un muerto quien nos cuenta su búsqueda.

Aunque se perciben las formas narrativas de Mario Benedetti, la maestría de Juan Rulfo y la melodía de Cabrera Infante. Se nota, relato a relato, que el autor ha alcanzado el dominio del arte de narrar. Con este segundo libro ya está calificado para emprender mayores empresas. Por ejemplo, crear luminosas historias, pero con carga alegórica donde se dibuje la inconmensurable belleza contradictoria de este Perú que gozamos y sufrimos.


BIBLIOGRAFÍA
BAL, Mieke. Teoría de la narrativa (Una introducción a la narratología). Madrid,Cátedra, 1990.

BOBES NAVES, María del Carmen. La novela. Madrid, Editorial Síntesis, 1998.

CARRASCO NÚÑEZ, Fernando. Cantar de Helena y otras muertes. Lima,

Editorial Limapop, 2006.

________ La muerte y otras traiciones. Lima, Hipocampo Editores, 2009.

II Fiesta del Diantre "Ultima Palabra"

septiembre 24, 2009

Programa oficial de la II Fiesta del Diantre "última palabra"

septiembre 23, 2009

PROGRAMA OFICIAL DEL FESTIVAL NACIONAL DE ARTE
II FIESTA
DEL DIANTRE “ÚLTIMA PALABRA”


VIERNES
25 de septiembre

Centro Social PUERTO ETÉN


Hora: 7:30 p.m.


- Palabras de Bienvenida

- Inauguración de la Muestra Pictórica “Ñañake” del pintor Juan Carlos Ñañake.

- Lectura de poesía.

Mesa 1

Dandy Berrú (Chiclayo)
Michael Jiménez (Lima)
Martín Córdova (Piura)

Mesa 2

Luber Ipanaqué (Piura)
Johnny Barbieri (Lima)
Stanley Vega (Cajamarca)

Mesa 3

Ricardo Dávila (Tarapoto)
Leoncio Luque (Puno)
Roberto Salazar (Lima)

Música

Alonso Cortez (Piura)
Mario Barrenter (Piura)

Brindis de honor



SABADO
26 de septiembre

Sala escénica Instituto Nacional de Cultura Chiclayo.
Av, Luis Gonzáles 345

Hora: 8:00 p.m

- Palabras de bienvenida
- Presentación del libro Ciudad Sitiada de Roberto Salazar a cargo de Jimmy Marroquín y Stanley Vega

Música

Alonso Cortez (Piura)
Mario Barrenter (Piura)

Lectura de poesía

Mesa 1


Martín Córdova (Piura)
César Pineda (Lima)
Ariel Machuca (Chiclayo)
Michael Jiménez Melchor (Lima)

Mesa 2

Luber Ipanaqué (Piura)
Johnny Barbieri (Lima)
Javier Villegas (Cajamarca)
Jimy Marroquín (Arequipa)
Pedro Manay (Cajamarca)

Música

Alonso Cortes (Piura)
Mario Barrenter (Piura)

Mesa 3

Cesar Boyd (Chiclayo)
Leoncio Luque (Puno)
Ricardo Dávila (Tarapoto)
Percy Vidal (Chiclayo)
Roberto Salazar (Chiclayo)

Teatro

Rubén Alfaro (Chiclayo)

Brindis de honor

Presentación de Danza Finita en Cajamarca

septiembre 13, 2009



Presentación de la revista Entera Voz

septiembre 04, 2009

Una crónica de Luis Salazar Orsi

agosto 01, 2009

(No hace ni diez días atrás, estuvo por esta ciudad mi amigo Luis Salazar Orsi. Estuvimos departiendo unas horas antes de que su bus lo llevara de retorno a Rioja. Departiendo un trago de su cocecha y luego de unos platos típicos unas cuantas cervezas.
Acabo de hallar en la web una crónica que me lo envio a mi bandeja. Se trata de una visita que hizo a Yereván, durante su época de estudiante en Moscú. Gracias por dedicarmelo. Pensaba publicarlo en Entera voz. Pero claro está sin esta dedicatoria. Eso queda entre nos. Lo encontré en http://escritoresamazonicos.blogspot.com)





Yereván



Yereván es el nombre de la capital de una de las repúblicas más pequeñas y singulares del mundo: Armenia, la de los ocres intensos y aceros contundentes. Tuve la dicha de visitarla a fines de los años ochentas del siglo pasado.

Realicé el gran viaje con un grupo de estudiantes de la universidad moscovita donde estudiaba, pero en realidad hice el viaje solo y animado solamente por un solo motivo: ver, con mis propios ojos, los legendarios montes Ararat. Y no por la jacarandosa arca de Noé —una de las fantasías más pintorescas y tontas del Oriente— sino por ellos mismos, pues, según había leído en la adolescencia, los Ararat serían uno de los conjuntos montañosos más bellos del planeta. Y aquello en mí —como Lyon (1), Albi (2), Alcalá de Henares (3), Matara (4), Contamana (5), el molino de Daudet (6), Machaguay (7), la llanura de Higosurco (8), las pampas de la Quina (9) o el santuario de Meudon (10)— era un imán irresistible para mis talones y mochilas, pues en el mismo instante en que las correas de mi zaino (11) preferido empezaban a aflojarse, yo sentía que ya era hora de enrumbar en pos de otros horizontes o espejismos, que son casi lo mismo.

Yereván, pues, en aquel invierno, me cayó como anillo al dedo. Al bajar del tren en la ciudad capital, me di cuenta que el armenio escrito era una hábil combinación de cáscaras de naranja, cortadas en tiritas, y trozos delgados de viruta, de tal modo que me compré de inmediato un diario de la localidad que, de vuelta a Moscú, regalé a mi compañero de cuarto, el acordeonista Alieksándr Bogdasárov, un hombrecillo de grandes ojos, sonrisa perenne y bajísima estatura, de origen armenio.

En aquellos años mi repertorio de hombres célebres de Armenia o de origen armenio era muy escueto, pero eso ¿qué importaba, ante la magnitud del triple coloso de nieves y rocas? Enumero: Petrosián, el ajedrecista; Saroyán, el ingenioso y tierno escritor; Aznavurián, el afamado cantautor; Isaakián, el fabulista… y vete parando de contar.

La ciudad capital era un verdadero enredo porque me dijeron que se encontraba edificada sobre los cerros mismos. ¡Y hasta tenía tren subterráneo! Y así, entre paseos, visitas, conciertos, comedores, buses, tormentas de nieve y avenidas iban pasando nuestras dos semanas de vacaciones, cuando me percaté que ya teníamos que retornar a la rutina de los estudios, unos dos o tres días después. ¡Y yo que me había cansado de hurgar los ocho horizontes, a todas horas del día, y no había visto todavía ni su chupita (12) de los Ararat! Me atreví entonces a preguntar y a soltar a los vientos mi tonante secreto: —¡Los Ararat, pues, doroguíye druziyá (13)

Cuando preguntaba, todos bostezaban y miraban a otro lado, pero yo seguía insistiendo, ya con bastante pánico y casi sin aliento: “¡Visitar Yereván y no poder contemplar los Ararat!” Hasta que una noche me encontré con uno de esos prácticos que viven en toda partes y que te sacan de apuros estés donde estés: sobre una frágil canoa en medio del Amazonas; dentro de un micro de Comas (14); en crudo invierno en la jalca de Pishcohuañuna (15); en la copa de una gruesa lupuna (16) sin soga para bajar, o cojo y perdido en los suburbios del Este de Chiclayo…

En cinco minutos el pata (17) me dio muy claras instrucciones que yo debía seguir ad pedem literae (18) si quería ver los Ararat: el apu (19) venerable y ancestral; el espíritu visible de todos los pueblos de aquella parte del Asia; el símbolo del alma de los armenios, hombres que se aferran con todas sus fuerzas a sus montañas, a su estirpe, a la vida. Me dijo que durante esa época del año los montes Ararat no se veían desde Yereván ni de día ni de noche porque una espesa capa de niebla cubría toda la zona, desde el amanecer; que esos montes solo podían ser vistos desde cierto sector apartado de la ciudad, justo en el momento de la aparición del alba, y durante unos treinta minutos solamente, antes de que cayera de nuevo la espesa niebla del día… A nadie le interesó la perorata ni las advertencias, pero en ese momento yo supe bien lo que tenía que hacer. Y respiré aliviado. Y esa noche me acosté sabiendo que mi viaje más deslumbrante hacia el sur del continente asiático ya estaba justificado.

Y tomé aquella breve ruta como un reto y una obligación de vida o muerte. Me levanté cuando todos mis acompañantes y amigos aún dormían, y cuando la ciudad estaba iluminada solamente por una amarillenta luz artificial. Tomé el autobús de la línea necesaria. Me bajé en el paradero especificado, aún en plena oscuridad. Éste quedaba justo al pie de una montaña que yo tenía que subir por esos caminillos de herradura que tienen todos los cerros caminables. Lo escalé, al comienzo a tientas, el tiempo indicado —una media hora— mientras una tonalidad azulina iba aclarándolo todo en forma imperceptible. Mientras subía, observé que en esa misma falda de montaña habían construido un hotel gigantesco que tenía forma y color de choclo (20): cada grano era una habitación. ¡Me di cuenta que era un alojamiento de lujo, especialmente construido allí para que pudieras ver la maravilla desde tu echado (21)!

Cuando me detuve, en una especie de mirador natural, traté de calmar mi respiración y serenarme. Luego, como la cosa más natural del mundo —como cuando se levanta el brazo para beberse un vaso de agua— me di la vuelta…

Y vi, ante mí, con una nitidez indesmayable, el metal blanquecino y brillante de las tres cumbres legendarias, con los pies aún oscuros; sobre un cielo azul, profundo e intenso, libre de nubes… ¡Los Ararat! La suave brisa que sonaba en mis oídos fue como un bálsamo para el momento indescriptible y la visión incomparable. Daba la impresión de que si yo estiraba las manos, podría tocarlos. Allí me quedé, mudo e indefenso, como si temblara ante el instante antes de estrechar la mano de César Vallejo, que él mismo extendiera, sonriente, hacia mí…

Miré entonces a mi alrededor, como para convencerme de lo real del instante. Nadie se encontraba conmigo. Nadie había querido ver el espectáculo. Nadie se interesó por el prodigio.

Y me dije entonces que hay momentos en la vida que son solamente para uno; que construimos y perseguimos esos lugares para disfrutarlos exclusivamente en soledad, mientras haya vida, aliento, conchudez y soberbia.

Luis Salazar Orsi




[1] Patria de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), escritor y aviador francés, autor de El principito (1943).

[2] Patria del pintor francés Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901).

[3] Patria del novelista español Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616), autor de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha (Primera parte, 1605; segunda parte, 1615).

[4] Ciudad peruana del departamento de Cajamarca que dio origen a la célebre melodía carnavalera Matarina.

[5] O Contamaná (“cerro de palmeras”, en shipibo), puerto amazónico en el río Ucayali (departamento de Loreto), que dio origen al emblemático vals amazónico de los tiempos del caucho La contamanina.

[6] Alphonse Daudet (1840-1897), escritor francés, creador de uno de los personajes más ridículos de la literatura universal, Tartarín de Tarascón (1872), fiel retrato de la naturaleza humana.

[7] Aldea peruana de la sierra arequipeña, que dio origen a la célebre tonada popular Mambo de Machaguay.

[8] Altozano cercano a la ciudad de Chachapoyas (Amazonas, Perú), donde se libró la batalla decisiva por la independencia de Maynas, el 6 de junio de 1821.

[9] Hoy Pampas de Ayacucho. Espacio abierto rodeado de montañas, al pie del cerro Condorcunca (“cuello de cóndor”), en las proximidades de la ciudad de Ayacucho (Perú), donde se libró la última batalla por la independencia definitiva del Perú y América (9 de diciembre de 1824).

[10] Localidad al SO de París, último residencia-taller (hoy museo) del escultor francés Auguste Rodin (1840-1917).

[11] Mochila (italiano).

[12] Del castellano amazónico: “Ni un pedacito, ni una puntita, ni un solo extremo”.

[13] Queridos amigos (ruso).

[14] Sector superpoblado de la ciudad de Lima.

[15] “Lugar donde mueren los pájaros” (quechua), puna ubicada en los límites de los departamentos de Amazonas y San Martín, en el NE peruano.

[16] Árbol gigantesco de los bosques amazónicos.

[17] “Amigo”, dicho con simpatía (castellano amazónico).

[18] “Al pie de la letra” (expresión latina).

[19] “Genio, espíritu protector” (quechua)

[20] Mazorca de maíz tierno (quechua).

[21]Desde la cama, cuando uno está echado” (castellano amazónico).





De "Memorias de un bello pájaro vacío" *

julio 09, 2009

12

Esto es todo lo que poseo: una oscura eternidad entre mis manos.
Viví siempre dividido entre el bien y el mal sin conocerlos en mi alma.
Tuve amigos y los dejé de tener cuando éstos leyeron mis poemas.
Me arrepiento de todo menos de estar vivo y morir.
Vistas así las cosas nada me une al silencio y al pathos de la ausencia.
Extrañaré cuando me vaya este cuarto vacío donde la memoria es gregaria y la muerte vacía.
Quise construir un templo y en su lugar este trino que me desgaja la piel sin gritos.
Me llevaré El Túnel de Sábato cuando me vaya.
Stand by me de Lennon.
Otra cosa es el silencio.
Otra la muerte.
Nada poseo excepto el tenebroso mar dormido entre mis párpados.
Extrañaré las borracheras melodiosas de los sábados nocturnos.
Algunos pájaros chillones muriendo sin rencor en las calles solitarias.
La dispersión del referente, la desaparición del sentido.
El límite de las cosas brincando sobre el lecho acuoso del mar.
El non plus ultra de la muerte rigiendo sin dolor la consabida armonía universal.
El hombre masa. La cháchara frívola. La paz interior.
Quise construir un templo y en su lugar este espectáculo sáfico, esta visión inacabada del amor.
No me extrañen cuando me vaya.
Salud a todos y sean buenos con ustedes mismos.
Todo acabará de la mejor manera posible.
Nada está consumado todavía:

(Hace poco más de un mes Ernesto Zumarán me hiso llegar algunos textos de otro de sus trabajo, del cual me atrevo a colgar uno de ellos. Conversando entre chelas me comentó que no los consideraba poemas. En fin, ya el lector sabrá definir. Pero más allá de eso, disfrutar o dejarlo delado)

II puesto del Concurso de Poesía "Javier Heraud" vino a Chiclayo

julio 05, 2009


Ernesto Zumarán



Mi compinche, Ernesto Zumaran, acaba de obtener el segundo puesto del concurso anual de poesía organizado por la Fundación Yacana. Son 1000 cocos verdes. Este viernes ya estuvimos haciendo el brindis respectivo junto a otros patas. El jurado fue Zurita, Mazzotti y Luis Cárcamo, los dos primeros, como se sabe, poetas trajinados y el tercero, catedrático de la Universidad de Harvard. El poemario se llama Nostos y lo firmó con el seudónimo Valery. Según me contaba Neto, el libro será editado (como parte del premio) dentro de tres meses. Sin embargo es muy probable que con anterioridad salga Los templos ausentes, otro poemario del mismo Zuma. Otro salud.

Sobre "Poética piurana ..." de Ricardo Musse





Estuve chequeando a la volada el último libro de Ricardo Musse (Callao, 1971), Poética piurana de las postrimerías: sus pulsiones seculares y sus rasgos emergentes (Origami, 2009) y, a pocos minutos tuve que cerrarlo pues la verdad es que en ese breve tiempo ya me había estrellado con varios errores. Francamente, antes de todo ello me había propuesto leerlo en los próximos días con mayor detenimiento, supuestamente disfrutar de aquellas páginas donde más de un amigo eran mencionados, pero en este caso, como ya dije, resultaba un masoquismo continuar estrellándome con tanta piedra resbalosa.

Y si bien es cierto, la publicación de Musse tiene la estructura de un trabajo de investigación, su “estudio”, como él mismo lo señala, decae por completo a la hora de exponer una información que no corresponde a la rigurosidad de un “estudioso”. Veamos.

Ricardo señala que Luis Eduardo García nació el año 1963 y sus libros Dialogando el extravío y El exilio y los comunes fueron publicados los años 1991 y 1989 respectivamente. Nada que ver. Y fácil es comprobarlo en el mismísimo blog de LEG (
http://sercorriente.blogspot.com/). Fechas de edición de cada poemario: el primero, 1986 y el segundo, 1987. Por otro lado nace en 1960.

En cuanto a Roger Santiváñez indica que nació en 1958 y su poemario Santa María fue editado el año el año 2002. Never. Nació en 1956 y aquel libro de poemas apareció el año 2001.

Y por último, a Héctor Rojas Pérez le pone como fecha de nacimiento 1972 cuando en realidad ha nacido el 68.

Los errores mencionados son tan sólo algunos que de pronto, haciendo uso de una lupa, pueden surgir otro tanto. ¿Fe de erratas? No lo creo. Eso pudo ocurrir con un par de datos. Pero no pues. Hay que pone las barbas en remojo. Este texto supuestamente es de consulta, lo leerán estudiantes y docentes. E incluso curiosos como yo.